Máscaras
Máscaras de arlequín asustado que apenas asoman la nariz por e quicio de la puerta. El temor de ser víctima de un sopor que haga desfallecer, de una primavera descolorida, se muestra tal cual es, enfermo y letal. Y ya nada es soportable sin la fe por tener fe, de aspirar a entenderla como algo plausible y comprendido, a mecerla cual retoño tierno e inocente de nuestros comienzos, aquellos primeros pasos.
Avanzamos heridos sospechando la caída tras la caída. Nos mentimos y solidarizamos con los que se deslizan, aves de paso desconocidas, para ni rozar sus silencios o sus alientos susceptibles de mordernos con saña. Máscaras de payasos llorosos entre nubes secas que recorren un horizonte rojizo, de mirada cristalina, sus ojos lagrimosos no rinden pleitesía a dios alguno y apenas un soplo de vida es el cabo que los une a ese deseo inapropiado de sobrevivir al prójimo.
Ladrón de sentimientos, enmascarado cual bandido en pos de justicias añoradas, se deja llevar por un momento de debilidad injustificada y salta a vacío de un eterno y melancólico hasta pronto. Cubierto con el burqa de la fatal desidia, se esconde tras arbustos resecos en desiertos áridos de amor y cariño y miente, paulatinamente, aquí y allá, como un loro enloquecido que aprendió a estafar con versos.
Quirúrgicamente velados caminamos por avenidas sin fin que no llevan a nadie a lugar alguno. Ensimismados perecemos como insectos efemerópteros y gritamos, antes de partir, el verso de la ignominia palpable que supuso no alcanzar la madurez de hegemonías y consensos que pudieron llegar ser.
Obra propia (plástica sobre Pantone)


