domingo, 20 de diciembre de 2020

Máscaras

Máscaras

Máscaras de arlequín asustado que apenas asoman la nariz por e quicio de la puerta. El temor de ser víctima de un sopor que haga desfallecer, de una primavera descolorida, se muestra tal cual es, enfermo y letal. Y ya nada es soportable sin la fe por tener fe, de aspirar a entenderla como algo plausible y comprendido, a mecerla cual retoño tierno e inocente de nuestros comienzos, aquellos primeros pasos.

Avanzamos heridos sospechando la caída tras la caída. Nos mentimos y solidarizamos con los que se deslizan, aves de paso desconocidas, para ni rozar sus silencios o sus alientos susceptibles de mordernos con saña. Máscaras de payasos llorosos entre nubes secas que recorren un horizonte rojizo, de mirada cristalina, sus ojos lagrimosos no rinden pleitesía a dios alguno y apenas un soplo de vida es el cabo que los une a ese deseo inapropiado de sobrevivir al prójimo.

Ladrón de sentimientos, enmascarado cual bandido en pos de justicias añoradas, se deja llevar por un momento de debilidad injustificada y salta a vacío de un eterno y melancólico hasta pronto. Cubierto con el burqa de la fatal desidia, se esconde tras arbustos resecos en desiertos áridos de amor y cariño y miente, paulatinamente, aquí y allá, como un loro enloquecido que aprendió a estafar con versos.

Quirúrgicamente velados caminamos por avenidas sin fin que no llevan a nadie a lugar alguno. Ensimismados perecemos como insectos efemerópteros y gritamos, antes de partir, el verso de la ignominia palpable que supuso no alcanzar la madurez de hegemonías y consensos que pudieron llegar ser.


 "Fetus"

Obra propia (plástica sobre Pantone) 

 

Ciclop

Ciclop

"D'un sol ull cec
de gegantina feblesa
tanteja la nit
del seus espais.

Ciclop sense tacte
ni olfacte ni gust
que vol morir una nit
i oblidar tot d'una el silenci."

"4" 

Obra propia.
(Gouache).


Rey Salmanasar III
Rey de Asiria desde 859 a. C., hasta 824 a. C.

Foto tomada por mi en el Museo Arqueológico de Estambul, sección del Museo del Antiguo Oriente. (2019).

 

Korai

Korai

"La bellesa
del seu rostre trencat
és la fi d'un món
d'un cor que bat
o de l'onada que copeja
amb irrsistible ànsia
les misèries dineraries
de sangs transferides
a colp d'infàmies i
 bales perdudes."

 

Heterodoxia

Heterodoxia

La heterodoxia es la llave imprescindible para abrir las claves de todo fundamentalismo. La voz del no abre las puertas de la duda que te otorgará, al final de cada discrepancia, un sí de aplastante veracidad. La heterodoxia frena las ansias del sí y del yo y, a su vez, te da la oportunidad de reflexionar acerca de aquello que creíste incontestable y cierto. Mentir no es pecado, pecar es aseverar aquello que no has tenido la paciencia y la fuerza de voluntad de cuestionarte hasta las ulteriores consecuencias, hasta el límite de la fe que se quierbra, hacia el abismo.

Ser fiel a la heterodoxia es ser fiel a uno mismo, dudar, reprocharse a uno mismo cada vez que camina la senda regalada de los campos de bello verdor, salpicados de rotundas amapolas rojas protegidas por ese cielo perfecto, endiosado, de grandeza y perfección, claro está, un tanto sospechosa. Decirle no al sí, atar el cabo en la mar calma, escuchar la voz de muecín quebrarse y agonizar entre vocablos manidos, de veracidad rotunda, es, en realidad, abrazar a Dios. Porque Dios no es ese peluche precioso que abrazamos al acostarnos, el que nos da calma, el que nos perdona este abandonar el tiempo de ser y estar vivos en lo reflexivo.

La pasividad no es productiva, ni para el cuerpo ni para la mente. El canto de las golondrinas y el trueno implacable de la tormenta que nada podrá detener o aturar son propiedad de un azar premeditado y, a su vez, producto manufacturado por el ser supremo que ya pones en duda, de ese dios que hoy te exige ser obra de la heterodoxia, sospecha y camino errante del vagabundo.

No hay camino ni, tal vez, se haga camino al andar. De hecho, desde esta mirada heterodoxa del todo, el camino es una brizna, un guijarro, un grano de arroz, de sorgo o trigo, es, en verdad, el aroma de los jazmines y la polvareda que daja un carro de bueyes. Es, si no les induce a reproches que me traerían al pairo, el color del viento y la música del crepitar en el fuego de leña en el hogar.




domingo, 13 de diciembre de 2020

Llanto

 Llanto

"Vi las notas líquidas

de lágrimas azules
y versos vivos en terribles
campos de exterminio.
 
En las voces quedas
del temor y la caricia rota
el deseo inoportuno
me ocultó.

Sentí ağladıkça

y canturreé μένω εκτός
mientras las gotas
suaves del Bósforo
me susurraban
notas vacías y besos
amargos de soledad.

Me acurruqué en la nieve

que ardía en la ladera
de un monte secreto y lejano,
coronado de espinas
y tan ladeado al hundirme.

Me remendé el alma

de saco terrero en la alambrada
cuando la bala perdida
en primera fila, soñando,
soñando caí en los charcos
y vendí flores a los locos.

Apenas un romper el alba

y ya nada, y ya nadie
cuando el juego terminó
la canción saltó
hacia las alas
de un pájaro dormido."
 

Máscaras

Máscaras Máscaras de arlequín asustado que apenas asoman la nariz por e quicio de la puerta. El temor de ser víctima de un sopor que haga ...